
A mí no me costó ponerme en el lugar del otro, pero no porque sea una persona especialmente empática (que podría serlo), sino porque en algún momento pude estar en ese lado y porque conozco muy bien a la otra persona. Las experiencias previas ayudan a comprender a los demás, a saber cómo se sienten, qué pueden necesitar. Pero tampoco nos podemos confundir, porque esto tiene el peligro de atribuirle a los demás lo que nosotros pudimos sentir en ese momento y esto no tiene por qué ser así. De ahí la dificultad, cada uno siente y padece las cosas a su manera.
También me influyó que escogí un "conflicto mediano", de esos que sabes que tienen solución, pero que por una cosa u otra no lo arreglas. Luego me puse a pensar en mis otros conflictos... (tampoco es que tenga tantos, no soy muy conflictiva) y me llamó la atención uno de ellos especialmente, se trata de un problema de esos que tienes con una persona en un momento determinado y lo solucionas, pero tú todavía lo sientes por dentro. Para la otra persona ya está solucionado o eso crees. ¿Qué pasa con esos conflictos que no se han solucionado bien? Hay que retomarlos, hay que dejarlos estar...
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